En una ocasión viendo Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (Jean-Pierre Jeunet, 2001), mi amiga Ollinca dijo: "Con esta película te dan ganas de vivir", yo creo que con ésta otra también.
Del año 2003 Big Fish llega a LA SALA de la mente de Tim Burton para asombrar y conmover hasta al más apático espectador; y no es sólo por tener al guapo de Ewan McGregor o a la encantadora Helena Bonham Carter en el reparto, oh! no, es por su historia de historias. La situación presentada es el entramado de cuentos que relatan la vida de Edward Boom (McGregor) y que entre gigantes, circos, siamesas y un fantàstico etcétera de personajes, nos recuerda lo maravillosamente bizarra que uno puede convertir a la vida.
Los efectos especiales encajan a la medida con la historia, ya que no son demasiados y permiten una fluida a intercalada relación entre realidad y ficción, lo que permite seguir tanto la línea de la película como la línea de vida del protagónico, quien cercano a su muerte logra ser aceptado tal y como no es por su hijo.Una película con la que dan ganas de vivir y experimentar la vida, o experimentar con ella. y encontrar un buen pretexto para re-considerar y re-pensar las relaciones sentimentales, en especial a las personas y la forma en que las vemos y apreciamos.





